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Mientras las vías se caen, las provincias se aíslan y la histórica Ruta del Petróleo sigue en el abandono, la bancada parlamentaria de Santander guarda silencio. No se siente su gestión, no se ven los resultados y no hay respuestas claras para una región cansada de promesas y de obras inexistentes.

Santander necesita congresistas que incomoden, que defiendan el territorio y que exijan recursos ante la Nación. La ausencia de la bancada se refleja en carreteras destruidas y compromisos incumplidos.

La llamada Ruta del Petróleo, columna vertebral del desarrollo del país durante décadas, hoy es una vergüenza nacional. Por esta vía se transportó el combustible que movió a Colombia, pero hoy sus tramos en Santander permanecen deteriorados, olvidados y sin soluciones reales.

El corredor San Vicente de Chucurí – Cuchilla del Ramo – Zapatoca – La Fuente – Galán – Socorro es el reflejo más claro del abandono estatal. Vías en mal estado, pérdidas de banca, cierres prolongados y riesgo permanente para quienes las transitan. Han pasado años y las respuestas siguen siendo las mismas: promesas, anuncios y cero obras.

Este no es un problema nuevo. Es el resultado de décadas de incumplimiento de los dirigentes santandereanos y de un centralismo que dejó a las provincias fuera de las prioridades nacionales. Mientras tanto, comunidades incomunicadas, comercio golpeado y desarrollo estancado.

La paciencia se agotó. Santander está cansado de falsas promesas y de dirigentes que solo miran estas vías en tiempos electorales. El abandono de la Ruta del Petróleo no es solo un problema vial: es una falta de respeto con una región que le aportó demasiado al país.

El próximo 8 de marzo, cuando Santander elija senadores y representantes a la Cámara, debe marcar un punto de quiebre. Se necesitan congresistas que defiendan el territorio, gestionen recursos y conviertan la malla vial de las provincias en una prioridad real.

Santander no pide favores. Exige cumplimiento.
Y esta vez, la región no puede volver a elegir el abandono.

Por OMAR DUARTE GARCÍA – LA Z